La utilización del concepto “Calidad de Vida” (CV) puede remontarse a los Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial, como una tentativa de los investigadores de la época por conocer la percepción de las personas acerca de si tenían una buena vida o si se sentían financieramente seguras. Con el correr de los años su uso fue extendido, en particular a partir de la década del 60, cuando los científicos sociales inician investigaciones en CV recolectando información y datos objetivos, como el estado socioeconómico, nivel educacional o tipo de vivienda, siendo muchas veces estos indicadores económicos insuficientes para generar un indicador fiel.


Pero, ¿cómo se trabajan en la Argentina las mediciones sobre CV? Uno de los tantos estudios que se desarrollan en este orden lo llevan a cabo investigadores del CONICET, desde una perspectiva geográfica. Esto significa que a partir de una escala numérica que va del cero al diez, observan cuán bien viven las personas según su lugar de residencia.

¿Y qué observan? “Para definir qué tan bien vive la gente que reside en un área determinada tomamos dos grandes grupos de indicadores: los socioeconómicos y los ambientales. En relación a los primeros tenemos en cuenta datos vinculados con dimensiones como la educación, la salud o la vivienda. En cuanto a los denominados ambientales, por un lado, atendemos a los clásicos problemas que pueden tener impacto negativo sobre el bienestar de los residentes –como inundabilidad, sismicidad, asentamientos precarios o contaminación- y, por otro, lo que llamamos ‘recursos recreativos’ –que pueden ser ‘de base natural’, como las playas, relieves, balnearios o espacios verdes, o ‘socialmente construidos’, es decir, teatros, centros deportivos u otras actividades de esparcimiento- como algo que favorece una mejor calidad de vida”, explica Guillermo Velázquez, investigador superior del CONICET en el Instituto de Geografía Historia y Ciencias Sociales (IGEHCS, CONICET-UNCPBA).

Guillermo trabaja en el estudio de la CV desde una perspectiva geográfica. El proyecto que conduce, se centró especialmente en la región pampeana y en el conurbano bonaerense, pero se fue expandiendo hasta abarcar toda la Argentina a través de la colaboración de una red nacional de más de cincuenta investigadores. Recientemente, este equipo de investigadores, en un trabajo interdisciplinario en colaboración con el grupo que dirige Alejandro Zunino -investigador principal del CONICET en el Instituto Superior de Ingeniería de Software Tandil (ISISTAN, CONICET-UNCPBA)-, desarrolló un mapa interactivo que permite conocer el nivel de CV en los más de 52 mil radios censales en lo que se divide la Argentina. Cuanto mayor es el índice en determinado lugar, más verde vemos el mapa, mientras que el rojo indica lo contrario. El desarrollo que llevan adelante es de público acceso, y quienes estén interesados pueden ver el mapa a través de una página web provista por CONICET.

 “El desarrollo de este software significó para nosotros un enorme desafío desde el punto de vista informático, dado que implica que en tiempo real se transfieran, a través de la red, una cantidad de datos y se permita, a su vez, un número y un tipo de operaciones -con alto grado de precisión y detalle- poco frecuentes en aplicaciones de mapeo por internet”, explica Zunino.

En una primera utilización de esta herramienta, uno tiene la sensación (errónea) de que existen provincias o regiones amplias de la Argentina donde la CV es homogénea: tanto para lugares con CV buena como mala. Pero al utilizar el zoom, uno accede a información sumamente precisa, en donde se puede determinar que existen áreas dentro de esas regiones en donde la CV es diferente a la situación que la rodea. Es muy notorio en las áreas con barrios privados o countries, que tienen barrios de emergencia lindantes.

Para acceder al mapa haga clic en el link https://icv.conicet.gov.ar/


Fiware como herramienta de medición

Si bien en la Argentina las fuentes para la medición del bienestar de la población no son numerosas, contamos con los Censos Nacionales y las Estadísticas Vitales que proporcionan las diferentes entidades gubernamentales (como el Ministerio de Salud o el Instituto Nacional de Estadística y Censos, por ejemplo). En lo que respecta a indicadores medioambientales, hoy día ya existe una nueva forma de obtener datos.

En este sentido, Fiware, a través de su plataforma de software de código abierto, es sin duda una herramienta tecnológica clave que permite la gestión de información de contexto. Por “gestión” entendemos la consulta y uso de datos en vivo, y por “información de contexto” aquellos datos provenientes de sensores, desde diversos puntos de un territorio geográfico.

Podríamos, por ejemplo, recoger y analizar distintas valoraciones sobre el estado del aire que respiramos, permitiendo luego estudiar sus evoluciones a lo largo del tiempo con el fin de observar posibles procesos climáticos en nuestro territorio. De esta forma, muchos parámetros ambientales podrían vincularse, sumarse, y colaborar con aquellas otras fuentes que se utilizan hoy para la estimación del Índice de calidad de vida (ICV).

El ICV no solo brinda a la población el conocimiento de todos sus datos puntualmente, sino que ofrece también una herramienta de estudio de la evolución de la calidad de vida de los argentinos.

Desde Fiware Ciudades del Futuro, el único iHub de la Argentina que ofrece la plataforma tecnológica Fiware, destacamos y apoyamos la iniciativa y el trabajo interdisciplinario llevado adelante por los investigadores del CONICET, fortaleciendo una vez más la idea de que en la Argentina el capital humano y profesional abunda. Esta es una oportunidad tecnológica para demostrar una vez más todo su potencial.